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Alimentación del niño de 1 a 3 años | Guía de Trabajo y Alimentación | CONSUMER EROSKI
Niños de 1 a 3 años
INTRODUCCIÓN
Los tres primeros años de vida se presentan como una etapa de transición entre la fase de crecimiento muy rápido, propia del lactante, y el periodo de crecimiento estable, que se extiende desde los tres años hasta el comienzo de la pubertad. Éste es un periodo madurativo en el cual el niño realiza avances importantes en la adquisición de funciones psicomotoras, al tiempo que sus funciones digestivas y metabólicas van alcanzando un grado de madurez suficiente para aproximar su alimentación a la del niño mayor.
Sin embargo, un niño no se convierte de inmediato en un adulto, sus necesidades energéticas y de determinados nutrientes aconsejan ajustar la dieta a sus particularidades fisiológicas, no precisa de normas rígidas y es preciso adaptar e individualizar la dieta ajustándola a la propia constitución y costumbres del niño.
Hay que poner especial cuidado en la conducta alimenticia del niño que aún pequeño está sujeta a determinadas aversiones y preferencias, lo que puede conducir en ocasiones a una dieta carente de algunos nutrientes.
Las primeras etapas de la vida son fundamentales para que el individuo forme todo su sistema inmunitario y para evitarle la patología secundaria a una nutrición incorrecta.
La alimentación correcta a partir del año de edad se basa en el consumo de una dieta equilibrada que cumpla los tres objetivos siguientes:
1. Asegurar un crecimiento y desarrollo óptimos.
2. Evitar carencias nutritivas.
3. Prevenir enfermedades.


CARACTERÍSTICAS FISIOLÓGICAS
El periodo que va de uno a tres años de edad e incluso hasta la pubertad, a menudo se refiere como el periodo "latente" o "quiescente" del crecimiento, en contraste con los cambios espectaculares que ocurren en el primer año de vida y la adolescencia. Aunque el crecimiento físico es menos llamativo, estos años constituyen una época de importante crecimiento en las áreas social, cognitiva y emocional.
En contraste con la triplicación del peso de nacimiento que ocurre en los primeros 12 meses, transcurre otro año antes que se cuadruplique el peso de nacimiento. Así mismo, la longitud desde nacimiento aumenta en 50% durante el primer año, pero no se duplica sino hasta los cuatro años de edad, aproximadamente.
En este periodo el peso medio pasa de 9,5 a 14 kilos (es decir, un aumento del 50% prácticamente) y la talla media, de 74 a 96 centímetros.
No obstante, algunos pequeños parecen mantenerse en un "patrón latente" durante varios meses, después de los cuales muestran un desarrollo rápido en la estatura y el peso. Conviene tener en cuenta que estos patrones por lo general son paralelos a cambios similares en el apetito y el consumo de alimentos. Para los padres y madres que no conocen estas tendencias (e incluso para algunos que sí las conocen), los periodos de crecimiento lento y de apetito deficiente generan ansiedad, lo cual puede conducir a conflictos a la hora de las comidas.
Las proporciones del cuerpo en los niños pequeños cambian de manera importante. A medida que aumenta la actividad física, las piernas se enderezan en tanto que los músculos abdominales y de la espalda se ajustan para dar apoyo al niño ahora erguido. Estos cambios son graduales y sutiles, y se presencian durante un periodo de varios años.
La composición corporal de estos niños se mantiene relativamente constante. La grasa disminuye de manera gradual durante los tres primeros años de vida.
En virtud de que los niños están en constante crecimiento y cambio, la valoración periódica de su progreso permite detectar y tratar con oportunidad cualquier problema. La talla y el peso de un niño deberán estar proporcionados. La vigilancia del crecimiento realizada con regularidad permite identificar problemas en una etapa temprana y aplicar las medidas de intervención o educación pertinentes a fin de no afectar al crecimiento a largo plazo. Un peso que aumenta a una velocidad mayor en relación con la talla sugiere el desarrollo de sobrepeso u obesidad. La falta de aumento de peso o la pérdida de éste durante un periodo de meses, puede obedecer a una nutrición insuficiente, alguna enfermedad aguda, una enfermedad crónica no diagnosticada, o a problemas emocionales o familiares importantes.



PAUTAS PARA ALIMENTARSE BIEN
El niño debe incorporarse a la dieta familiar siguiendo unos patrones alimentarios que van a influir decisivamente en sus futuros hábitos de alimentación. Si bien esto es cierto, no hay que olvidar que el niño de uno a tres años puede mostrar una cierta vulnerabilidad al presentar determinadas limitaciones alimenticias.
Los niños están en constante crecimiento y desarrollo de huesos, dientes, músculos y sangre, por lo que requieren más nutrientes en proporción a su peso que los adultos.
La energía de los alimentos deberá ser suficiente para asegurar el crecimiento y evitar que se recurra a sus reservas corporales para obtener energía, pero a la vez no será tan excesiva que provoque obesidad.
Por otra parte, al mermar su velocidad de crecimiento respecto al primer año de vida, suele producirse falta de apetito, lo que se traduce en una ingesta espontánea menor que no debe preocupar a los padres. Este hecho, que puede acentuarse más de lo necesario, unido a que expresan determinadas aversiones alimenticias y a la inmadurez de habilidades motoras, justifica la vulnerabilidad en estas edades. También hay que tener en cuenta que a esta edad no se puede seguir un patrón de comidas semejante a las del adulto, es decir tres comidas importantes al día sin ningún complemento entre ellas, dada su menor capacidad digestiva.
Es en la primera infancia cuando se adquieren buenos hábitos alimentarios, y la familia es la institución más indicada para iniciar a los pequeños en el consumo de todos los alimentos.
A partir de los 12 meses de edad debe iniciarse progresivamente la introducción de alimentos con una textura más gruesa para ir acostumbrando al niño a alimentos troceados. Para empezar, se ofrecerán alimentos aplastados con el tenedor para ir cambiando a un troceado pequeño. Todo ello dependiendo de cada niño y su rapidez en el aprendizaje de la masticación. El objetivo es que al llegar a los 18-24 meses el niño coma los alimentos troceados.
Características generales de la dieta
• La dieta debe ser equilibrada y variada en platos, sabores, texturas y consistencia e incluso colores, para acostumbrar al paladar y lograr un adecuado aporte nutritivo. El olor, el color, el sabor y la forma influyen en sus gustos personales.
• Se debe procurar que el niño no adquiera conductas alimenticias caprichosas y monótonas con preferencia hacia unos alimentos, aversión a otros que pueden conducirle a llevar una alimentación deficitaria.
• Los menús han de adaptarse a las características individuales, familiares y económicas en cada caso.
• Al niño, sobre todo en la menor edad, hay que educarle para que mastique bien y, asimismo, a un adecuado manejo de los utensilios de mesa.
• A la hora de introducir alimentos nuevos conviene hacerlo progresivamente y al principio de cada comida, cuando el niño tiene más apetito.
• Si el niño se queda a comer en la guardería, es preciso conocer el menú de cada día con el fin de completar y equilibrar la dieta con las comidas de casa.
• Limitar el consumo de alimentos superfluos “calorías vacías” (golosinas, chucherías, snacks, refrescos...), especialmente entre las principales comidas, para que coman lo que tienen que comer a sus horas.
• Tener en cuenta que el desayuno es una de las comidas más importantes del día.
• En el almuerzo o la merienda, se debe favorecer la ingesta de bocadillos preparados en casa, frutas y productos lácteos, sin abusar de los embutidos, patés y quesos grasos.
• La estructura de una comida convencional debe componerse de:
Primer plato: Generalmente a base de arroz, pasta, verduras con patata, legumbres en puré. El valor nutritivo de este primer plato es el aporte energético, principalmente a partir de los hidratos de carbono complejos. Es importante acostumbrar a los niños a tomarlo porque las necesidades energéticas son las primeras que deben cubrirse si se quiere que las proteínas de los alimentos cumplan en el organismo la función de formar tejidos y favorecer el crecimiento. Si esto no se tiene en cuenta, el organismo utilizará las proteínas para resolver sus necesidades energéticas y se estará llevando a cabo una alimentación desequilibrada.
Segundo plato: Carnes, derivados cárnicos, pescado o huevos. Deben aparecer en cantidades moderadas (el hambre no debe saciarse a base de proteínas). Pueden acompañarse de una guarnición de ensalada o verduras o patatas (asadas o cocidas o en puré, no siempre fritas). Conviene incluir al menos 3 veces por semana pescado (blanco y azul) y huevos, hasta tres veces por semana.
Postres: Lo mejor es incluir una fruta y alternar con productos lácteos sencillos (yogur, petit suisse, etc.)



RACIONES DIARIAS DE ALIMENTOS
Para evitar cualquier trastorno producido por la incorporación de un alimento nuevo, es imprescindible introducir al inicio una pequeña cantidad del mismo, observar la tolerancia y esperar entre 7 y 10 días antes de incorporar el nuevo producto de forma habitual.
• Si al niño le desagrada beber leche, ésta se puede reemplazar parcial o totalmente por otros productos lácteos como queso, yogur…, en las cantidades indicadas en la tabla (alimentos equivalentes), y ofrecer platos que incluyan leche entre sus ingredientes (croquetas, purés, gratinados, salsa bechamel, natillas, flanes…).
El Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Nutrición y Gastroenterología Pediátrica (ESPANG) recomienda la utilización de la leche de continuación hasta los tres años, pero por motivos principalmente económicos, la mayoría de familias no la emplean. Actualmente ha aparecido en el mercado leche de crecimiento o junior, que es intermedia entre la leche de continuación y la de vaca. Está indicada para niños a partir del año.
• Si el niño es vegetariano será conveniente el asesoramiento con profesionales sanitarios expertos en temas de alimentación (dietistas y nutricionistas), para revisar con meticulosidad el consumo habitual de alimentos y ver la manera de combinarlos con el fin de evitar déficits nutritivos.
• Los sesos no son un alimento indispensable como suponen muchas madres y padres. A pesar de su importante contenido en fósforo, son muy ricos en colesterol y existen otros alimentos en la dieta que cubren perfectamente las necesidades de dicho mineral. Sin embargo, se pueden consumir esporádicamente si al niño le gustan, lo que no siempre ocurre.
• Los cereales de desayuno listos para consumir pueden resultar aún difíciles de masticar, por lo que es preferible elegir cereales de cocción (copos de avena, copos de 5 cereales) que esporádicamente pueden reemplazar las papillas de la mañana.
• El niño tiene que empezar a incluir pan en las comidas. Se tendrá preferencia por el pan blanco, ya que el pan integral no es aconsejable antes de los 7 años debido a su acción irritante sobre el tubo digestivo. El pan puede sustituir a las galletas de la merienda, y ayuda al niño en la dentición (en ese caso se ha de cortar un trozo de corteza en el sentido longitudinal del pan).
• Las patatas son la base de la mayoría de purés de verduras. Se pueden servir cocidas, al vapor y no siempre fritas. Los purés de patata son ricos en almidón y necesitan una buena impregnación salival para ser digeridos completamente. El niño a menudo los engulle “de golpe” y le puede provocar flatulencia, por esta razón es mejor no abusar de ellos.
• Ciertas verduras: zanahorias, espinacas, nabos y acelgas, son a menudo ricas en nitratos. Para reducir estas sustancias, una vez cocidas se deben conservar en un envase sin el caldo y conviene no recalentarlas más de una vez. Así mismo, no se ha de aprovechar el caldo donde se han cocido dichas verduras.

DISTRIBUCIÓN DE COMIDAS A LO LARGO DEL DÍA
En esta época es conveniente que el niño realice cuatro (o cinco) tomas al día, es decir, desayuno, comida, merienda o almuerzo y cena; lo que responde a la limitada capacidad digestiva del niño. Algunos aún necesitan una toma láctea antes de acostarse; otros no, ya que sus comidas pueden ser completas e incluir la leche o postres lácteos como final de alguna comida.
Es importante, para la adquisición de unos hábitos alimentarios saludables mantener los horarios de comidas de un día para otro y no saltarse ninguna toma.
El desayuno: Hay muchos niños que no tienen apetito al levantarse por numerosas razones: temen ir a la guardería y la angustia les quita el apetito, se acuestan o se levantan demasiado tarde y no están lo suficientemente despiertos para que su apetito pueda manifestarse, se encuentran solos en la mesa y se aburren, la monotonía y uniformidad de los desayunos no los hace atractivos…
El desayuno es una de las comidas más importantes del día. Un desayuno con prisas es equivalente a un desayuno pobre; por tanto es necesario dedicar tiempo suficiente a sentarse y evitar compaginar la toma del desayuno con otras actividades como por ejemplo, ver la televisión.
Es recomendable que en la primera comida del día se incluyan: lácteos, cereales de todo tipo (galletas, cereales de desayuno, tostadas, pan o bollería no demasiado grasa). Si además se incluye una fruta o su zumo, mejor aún. Otros productos ricos en azúcares como la miel, mermeladas o confituras también están reservadas para que formen parte del desayuno.
Almuerzos y/o meriendas: La mayoría de los niños comen cuatro o cinco veces al día, por lo que son importantes los refrigerios ya que contribuyen al aporte total de nutrientes. Los refrigerios no se limitarán a galletas, refrescos, patatas fritas, que son alimentos que “llenan” pero que no nutren. Tanto el almuerzo como la merienda, constituyen un complemento energético y al menos uno de ellos debe ser una parte habitual de la alimentación infantil, para evitar que transcurran muchas horas desde una comida hasta la siguiente, pero la cantidad no debe ser excesiva para que no reste apetito al niño a la hora de la comida o cena.
Interesa que ellos participen si es posible en su preparación, para que sean conscientes de su importancia.
La comida: En nuestra sociedad la comida constituye la principal toma de alimentos del día y es el momento de encuentro que favorece la relación familiar y la enseñanza y aprendizaje de los hábitos de alimentación. Por ello se debe propiciar un clima tranquilo, sosegado, sin interferencias (TV, radio, animales…) Se ha de evitar en lo posible la anarquía en los horarios, la preparación de alimentos a última hora, las interrupciones largas entre plato y plato, gritos y regañinas constantes, comer con mucha rapidez y las situaciones incómodas por falta de espacio.
Se debe cuidar la presentación de los platos, temperatura y el orden y limpieza de la mesa.
La cena: Se debería tender a que fuese otro momento de encuentro alrededor de la mesa, en ambiente tranquilo y sin distracciones. La cena debe ser complementaria a la comida, por lo que hay que tener en cuenta los alimentos que se han consumido en casa o en la guardería y no repetirlos. La cena debe ser más ligera que la comida, y lo antes posible para que de tiempo de hacer la digestión y dormir bien.


CÓMO COCINAR Y CONDIMENTAR
• Las presentaciones más apropiadas son las sopas, los purés, las cremas, los guisos y estofados con poca grasa, las carnes trituradas o cortadas en trozos pequeños, las croquetas, tortillas, etc., preparaciones jugosas y de fácil masticación, y se deben evitar las preparaciones a la plancha y las carnes muy secas.
• Prefiera las técnicas culinarias más sencillas y suaves: con agua - cocido, vapor, escalfado, horno, papillote, microondas y rehogados con poco aceite.
• Modere los guisos y estofados grasos, frituras, empanados y rebozados y los alimentos a la plancha (resultan secos).
• Para que la comida resulte más apetitosa se pueden emplear con moderación diversos condimentos suaves (ajo, cebolla, puerro, hierbas aromáticas…). No obstante, a estas edades se debe optar por platos con sabores suaves y poco condimentados, para que los niños sean capaces de identificar el sabor real de cada alimento.
• El vinagre y el aceite (oliva y semillas) pueden ser macerados con hierbas aromáticas

ES UN ERROR
OFRECER CANTIDADES GRANDES DE ALIMENTOS PROTEICOS
A veces se sobreestima la necesidad de proteína, entendiendo que es un nutriente fundamental para el crecimiento del niño. No obstante, el crecimiento a estas edades se va haciendo más lento y progresivo por lo que la cantidad de estos alimentos no es tan importante como la que habitualmente se ofrece.
Los requerimientos de proteína pasan de 2,2 gramos por kilo de peso y día (g/ Kg/ día ) en el primer semestre de vida, a 1,5 g/ Kg/ día, en el segundo semestre, y a 1,2 g/ Kg/ día, de uno a tres años. Esta diferencia cuantitativa de proteína se explica porque este nutriente sirve al crecimiento, el cual disminuye notablemente en los dos primeros años y apenas se ve influenciado por la actividad física.
El porcentaje de energía aportado por las proteínas a estas edades oscila entre el 10 y el 15%. Esto obliga a considerar en su justa cantidad el suministro de alimentos proteicos al niño (carne, pescado, huevos y lácteos), siendo habitual encontrar raciones de alimentos proteicos que superan el 15% del valor energético total. Para hacernos idea de este hecho, piénsese que si un niño toma dos vasos de leche, 50 gramos de carne, un yogur y 1 loncha de jamón cocido a lo largo de las distintas comidas del día, el aporte de proteína es de aproximadamente 40 g superior a las necesidades del niño de uno a tres años, que se estima es de 1,5 gramos de proteína por Kg de peso y día.
Hay demasiadas madres y padres que se preocupan por niños que rechazan el enorme bistec que se les ha preparado. Se producirían muchos menos conflictos en las comidas si las raciones fuesen razonables.
La deficiencia de proteína es rara en niños en nuestro país, en parte por la importancia cultural de los alimentos proteicos. Quienes tienen más posibilidades de riesgo de consumo inadecuado de este nutriente son los niños que consumen dietas vegetarianas estrictas, quienes tienen múltiples alergias alimentarias o aquellos que ven limitada su selección de alimentos a causa de dietas caprichosas, problemas de conducta o acceso limitado a los mismos.

OFRECER LECHE Y DERIVADOS LÁCTEOS DESNATADOS
El consumo generalizado de leche desnatada por los niños pequeños no está justificado desde el punto de vista nutricional, salvo indicación médica expresa. La leche desnatada conserva la misma proporción de proteínas, azúcares (lactosa) y calcio que la entera, aunque está desprovista de grasa, nutriente energético básico para el buen funcionamiento y desarrollo orgánico de los más pequeños, así como de las vitaminas disueltas en la grasa, llamadas liposolubles, como las vitaminas A y D. La vitamina D es necesaria para la absorción del calcio y para su depósito en los huesos.

ELABORAR BOCADILLOS CON EMBUTIDOS DIVERSOS
La única charcutería que se debería admitir para esta edad es el jamón cocido y el jamón serrano magro (sin el tocino). Además del jamón cocido, se pueden encontrar en el mercado otros derivados cárnicos que guardan con este producto muchas similitudes. Es el caso de la paleta de cerdo cocida, cuya presentación y sabor son buenos, y su precio es comparativamente menor al del jamón cocido. El jamón cocido es un producto de gran valor nutritivo, rico en proteínas de alto valor biológico y con un contenido graso relativamente bajo, comparado con los diversos embutidos.
Existen sucedáneos de jamón cocido de menor calidad nutritiva, a los que se autoriza el añadido de féculas, proteínas y otras partes del cerdo, además de aditivos, para formar un conglomerado o pastel compacto que constituyen los denominados fiambres de jamón. Del mismo modo en el mercado se encuentra fiambre de paleta de cerdo, y fiambres de pavo o pollo, dependiendo de los ingredientes utilizados.
Ambos productos, jamón cocido o salado, consumidos una o dos veces por semana, son suficientes para contribuir a la diversificación de la dieta.
Los embutidos, por su parte, son derivados cárnicos ricos en grasa, de contenido proteico variable según los ingredientes utilizados. Son embutidos tradicionales el chorizo, el salchichón, la mortadela, el salami, la butifarra, la sobrasada, etc.

SALAR EXCESIVAMENTE LOS ALIMENTOS
No deben salarse excesivamente las preparaciones culinarias (ni al cocinar ni al ingerir los alimentos), con el fin de acostumbrar al niño al sabor propio de los alimentos, disminuyendo consecuentemente la ingesta de sal.
Una correcta educación del paladar desde la infancia evitaría los dificultosos cambios de hábitos a los que se ven obligados quienes de adultos precisan reducir la cantidad de sal en su dieta diaria.
La recomendación de reducir el consumo actual de sal está justificada, sobre todo si consideramos su pobre participación en la consecución del equilibrio nutritivo.

OFRECER SIEMPRE ZUMO COMO ALTERNATIVA A LA FRUTA
Como el agua, otra bebida saludable para los más pequeños es el zumo de fruta, con la ventaja de que, por lo general, les gusta su dulce sabor. Teniendo en cuenta que a esas edades necesitan tomar más de 8 vasos de líquido al día, el consumo de zumo de fruta se puede considerar una alternativa acertada. El zumo de fruta les ofrece muchos de los nutrientes de la fruta (con la excepción de la fibra). Si la etiqueta no indica lo contrario, el zumo de fruta comercial, contiene sólo el azúcar propio de la fruta utilizada en su elaboración, y es una opción más saludable que una bebida de fruta que contenga azúcar añadido, como es el caso de numerosas bebidas refrescantes y néctares.
Cuando están seleccionadas sabiamente algunas bebidas, como la leche y el zumo de fruta, cuentan como ración diaria de un grupo de alimentos. Por ejemplo, un vaso de zumo cuenta como una de las 2-3 raciones que el niño necesita cada día del grupo de frutas. En cambio, una bebida de fruta que es solamente 10% zumo de fruta sería considerada como un "dulce" y no como sustituto de una fruta.

HACER UN MAL USO DE LOS COMPLEJOS MULTIVITAMÍNICOS
Deben ser prescritos bajo la supervisión de un médico o un especialista en Nutrición, y sólo en casos específicos, cuando no es posible mejorar la calidad de la dieta o cuando existen situaciones de riesgo de que se produzcan déficits nutritivos específicos (enfermedades agudas o crónicas, inapetencia de larga duración, etc.).
Sin embargo, algunos padres y madres creen que la única forma de hacer que sus hijos tomen las vitaminas y los minerales necesarios es proporcionárselos en forma de granulado o pastillas ya preparadas. Los anuncios suelen decir que la dieta no basta para satisfacer las necesidades del organismo en ese sentido. Como es muy fácil comprar suplementos de este tipo, y su precio no resulta elevado, muchas personas se decantan por esta opción. En numerosas ocasiones, se exceden en las dosis de vitaminas y minerales, creyendo que así mejorará su salud, estarán más enérgicos o evitarán muchas enfermedades. Cada vez son más los estudios que confirman la peligrosidad de esta práctica.
Como dar suplementos de este tipo puede ser perjudicial, los padres nunca deben ofrecerlos a sus hijos sin consultar previamente con un profesional. Los suplementos no deben ser usados como sustituto de una buena comida, sino como complemento en caso de requerimientos extras. Los niños tienen una dosis suficiente de vitaminas y minerales si siguen una dieta variada con alimentos de todos los grupos básicos.
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El niño, pasado el primer año de vida y en cierto modo el segundo, comienza a entrar en contacto con la sociedad en diversos aspectos y especialmente en el alimentario. En primer lugar, se producen influencias evidentes por parte de otros componentes de la familia, familias de amigos y sus propios amigos, que ofrecen alimentos al niño, en muchas ocasiones lejos de los patrones alimenticios recomendados, tales como dulces, helados y golosinas diversas, que pueden afectar significativamente al comportamiento alimentario. En segundo lugar, el comedor de la guardería constituye otro elemento incidente en la alimentación del niño, al constituir una parte importante de la dieta diaria que se repite cinco días a la semana, durante muchas semanas al año.


Muchas dificultades relacionadas con el consumo de alimentos provienen de unas inadecuadas costumbres adquiridas en los primeros meses de vida. Para los niños de estas edades, la familia es la principal influencia en el desarrollo de los hábitos alimentarios. Los padres y los hermanos de mayor edad son modelos importantes para los pequeños en su aprendizaje e imitación.


La atmósfera en torno al alimento y la hora de la comida también es un factor importante que contribuye a las actitudes hacia los alimentos y las comidas. Si el adulto tiene altas expectativas respecto al comportamiento del niño a la hora de comer, y lo amenaza con reprimendas, esto hará que el niño sienta temor a la hora de comer. Las discusiones y otras tensiones emocionales también ejercen un efecto negativo. Las comidas que se consumen con prisa, crean una atmósfera de agitación y refuerzan la tendencia a comer con demasiada rapidez. Un ambiente positivo implica dedicar tiempo suficiente a las comidas, tolerar derrames ocasionales y fomentar la conversación que incluye a todos los miembros de la familia, por pequeños que sean algunos de ellos.


Las necesidades energéticas de los niños pueden variar mucho y es aconsejable respetar, en la medida de lo posible, la sensación de saciedad o de hambre expresada por los propios niños. Es una equivocación querer estandarizar la alimentación en función de la edad, y obligar a todos los niños a tomar la misma cantidad y al mismo tiempo; e igualmente es un error frecuente intentar que los niños terminen los platos cuando se han servido raciones parecidas a las de los adultos. Una ración puede no ser suficiente para unos y en cambio ser excesiva para otros. Unos comen poco cada vez y tienen hambre cada dos horas; otros son capaces de deglutir cantidades mayores y esperar plácidamente hasta la siguiente toma.


Si se fuerza al niño a aceptar la ración y el ritmo que teóricamente le conviene, se crean conflictos inevitablemente.
INAPETENCIA HACIA LOS ALIMENTOS
La inapetencia infantil es uno de los motivos de mayor preocupación de padres y madres. En la mayoría de los casos no es sinónimo de enfermedad y la situación revierte fácilmente.
Aproximadamente el 10-25 % de los niños entre dos y cinco años son llevados a la consulta de pediatría con la queja de que el niño no come nada, y cuando lo hace lo es con desgana y protestas, y además parece que no crece lo suficiente.
Una historia clínica y dietética detallada y una exploración física completa permiten descartar enfermedades agudas o crónicas. En ese caso, la familia debe ser tranquilizada e informada respecto al normal crecimiento y desarrollo del niño a esta edad.
La mayor parte de los niños que rechazan comer tienen un apetito apropiado para su edad y su ritmo de crecimiento. A pesar de que la ingesta de alimentos varía de un día a otro y puede parecer que ellos no comen durante largos periodos de tiempo, su crecimiento y desarrollo es normal.
Muy frecuentemente, la razón por la cual los padres fuerzan a comer a sus hijos es porque ellos desconocen o no entienden la disminución fisiológica del apetito que se da después del primer año de edad. Durante estas edades, la mayor parte de los niños ganan entre 2-3 kilos por año. Este ritmo de crecimiento es solo el 20-30 % del que tienen durante su primer año de vida. Como consecuencia, a esta edad los niños tienen menores requerimientos nutritivos y menor apetito totalmente fisiológico.
Los niños están más interesados por el mundo que los rodea que por los alimentos. Forzándoles a comer un determinado alimento podemos conseguir que los rehuse todos, y puede quedar condicionado a rechazar la comida, ya que para él, el acto de comer se convierte en algo incómodo y poco placentero.
El rechazo a la alimentación también puede ser el resultado de una técnica de alimentación inapropiada: castigos, súplicas y sobornos.
Para los niños pequeños la familia es el modelo ideal para el desarrollo de las preferencias y de los hábitos alimentarios. Si un miembro de la familia rechaza comer un determinado alimento, el niño imita su comportamiento.
Es necesario diferenciar la inapetencia reciente de la habitual. La inapetencia reciente es la que aparece cuando el niño s ufre una enfermedad aguda, y lo más probable es que ésta desaparezca cuando resuelve la enfermedad. La inapetencia habitual es la que se prolonga en el tiempo y puede ser falsa o verdadera.
La falsa inapetencia, debemos sospecharla cuando el niño come muchas golosinas, toma zumos todo el día, toma abundante cantidad de leche, come a deshora, come dulces antes de las comidas y no acepta determinados alimentos, por ejemplo verduras. En cambio la verdadera inapetencia es aquella que frecuentemente se presenta en un niño con un peso por debajo del normal para su edad, sin energías o desganado. Esta situación, suele ser generalmente sinónimo de enfermedad, y el médico es el encargado de realizar el diagnóstico y comenzar el tratamiento lo antes posible para que el niño pueda reiniciar una alimentación adecuada y recuperar su peso.
Cómo manejar a un niño con “falsa inapetencia”:
• Controlar qué come a deshora: reducir el consumo de golosinas y controlar la ingesta de zumos o leche.
• Cumplir con las cuatro comidas principales diarias (desayuno, comida, cena y almuerzo o merienda)
• La atmósfera a la hora de comer así como el comportamiento de cada uno de los miembros de la familia en la mesa puede estimular al niño a imitarlos y de esta manera a comer de forma correcta. Se debe evitar compaginar la comida con otras actividades (TV, radio, juegos…)
• Permanecer en la mesa durante el tiempo que dure la comida.
• Comer el menú según el orden de su presentación.
• Tener en cuenta las preferencias del niño y cuidar la presentación de los platos. Un plato decorado con gusto, raciones individuales, platos sorpresa, explicar un cuento, excitan más el apetito que la monotonía de una comida que se repite cada semana.
• Probar con alimentos nuevos a pequeñas dosis, negociar una cantidad mínima, y aunque algunos sean rechazados, no ceder a los caprichos.
• Debido a su menor capacidad y a su apetito variable, responden mejor a porciones pequeñas de alimentos ofrecidas varias veces al día.
• Cuando el niño adopta una conducta inadecuada a la hora de comer, no se deberá manifestar con gritos, enfado o castigos. Se retira el plato una vez finalizado el tiempo acordado y se le presenta en la próxima comida. No tiene sentido "chantajear", "comprar" o "castigar" al niño para conseguir que coma. Los niños que comen menos en una comida lo suelen compensar comiendo más en la siguiente.
• Los niños pueden estar cansados o excitados como consecuencia de los juegos y por lo tanto no tener sensación de hambre ni deseos de comer.
Cuando la falta de apetito es consecuencia de una enfermedad, la inapetencia aparece de forma brusca y se relaciona con todo tipo de alimentos, no siendo un rechazo selectivo o concreto de un alimento determinado de la dieta.
En este caso, se pueden seguir las siguientes pautas dietéticas.
• Fraccionar las comidas en varias tomas de menor volumen.
• Ofrecer líquidos entre horas, no durante las principales comidas para no disminuir el apetito del niño.
• Enriquecer los platos para que estos sean más nutritivos: añadiendo leche en polvo al vaso de leche, quesitos o clara de huevo en el puré, galletas en el batido de frutas…
En la mayoría de los casos, el rechazo a alimentos concretos suele ser transitorio y con los años, los más pequeños vuelven a introducirlos en la dieta diaria.

NEGATIVISMO
El negativismo se define como el rechazo persistente de determinados alimentos o comidas. Suelen ser niños dominantes, consentidos, con sobreprotección y que pueden trasladar estas conductas a otros ámbitos de su vida social. La permisividad de la familia por diferentes motivos (diferencias de opinión entre los padres, prisas, presencia de visitas…) hace que el niño satisfaga siempre sus deseos.
Algunas pautas a seguir:
• Dar a probar variedad de alimentos y sabores de forma distendida, no con imposiciones fuertes.
• No perder los nervios, no gritar ni amenazar.
• Negociar la cantidad mínima de cada plato a comer y que el niño o niña se sirva. Favorece la autonomía, independencia y responsabilidad en su elección. Se le puede exigir que pruebe al menos una parte simbólica antes de negarse a comer, pero si el padre o la madre rechaza uno y otro plato, ¿cómo se puede exigir al niño que se lo coma todo?
• No sustituir un alimento rechazado por otro de mayor agrado. Este es el primer paso para el inicio del negativismo.
• Si rechaza el primer plato por el segundo, condicionar la toma del segundo a una mínima cantidad del primero.
• La comida no debe durar más de 30 minutos. Las comidas familiares que se eternizan son un verdadero suplicio para los pequeños. Si el niño come poco a poco, utilizar un plato que mantenga el alimento caliente. Al cabo de 10 minutos, si sigue igual, retirar el plato tal y como esté y reemplazarlo por el siguiente sin comentarios ni dramas. Pero si el niño exige comer 10 minutos después de la comida, no debe dársele nada hasta la merienda, sin enfadarse pero firmemente; no es ningún drama que el niño pase hambre 1 ó 2 horas. Es incluso deseable que sepa lo que es la sensación de hambre.
Si sus padres tienen suficiente constancia, el niño comprende muy pronto que debe comer a la hora de las comidas, y sólo a esa hora.
• No se deben emplear nunca los alimentos como premio o castigo, ya que esto puede conducir a conductas alimentarias negativas; caprichos, rechazo o aversión por ciertos alimentos.

COMPORTAMIENTO INADECUADO EN LA MESA
Existen unas normas relativas a los hábitos higiénicos y de comportamiento adecuado de aceptación general que se tratará de inculcar a los niños y niñas desde pequeños.
Higiene
Antes de manipular cualquier alimento el niño o niña ha de manifestar la necesidad de lavarse correctamente las manos. Lo mismo ocurre con la higiene bucal a tener en cuenta una vez finalizada cada comida.
Posturas
Enseñar al niño o niña a comer sentado y permanecer en la mesa hasta que finalice el acto de la comida. Mantener la espalda erguida y procurar que no extienda los codos para evitar que ocupe demasiado espacio y moleste a la persona que se sienta a su lado en la mesa, ya sea en casa o en el comedor de guardería.
Tiempo
Los niños y niñas muy pequeños carecen del sentido del tiempo y tienden a comer a cualquier hora, por lo que es preciso fijar unos horarios y tratar de respetarlos con el máximo rigor.
Uso de utensilios
Parte importante en el aprendizaje y desarrollo de habilidades como la autonomía, coordinación y control de movimientos es la utilización de los utensilios.
El niño de un año de edad usa principalmente los dedos para comer y puede requerir de ayuda al utilizar una taza. Hacia los dos años de edad, puede sostener la taza con una mano y también utilizar la cuchara, pero todavía prefiere en ocasiones utilizar las manos. Hacia los tres años ya se puede hacer general el uso de cuchara y tenedor. Sin embargo, habrá que ayudar en la utilización del cuchillo hasta los 6 ó 7 años, dependiendo de la habilidad del niño o niña y de la calidad del cuchillo.
Los tazones, los platos y las tazas deberán ser irrompibles y lo suficientemente sólidas para que no se vuelquen. En los niños muy pequeños, a menudo es mejor un tazón cóncavo que un plato plano, para facilitar la utilización de la cuchara. Las cucharas gruesas o de mango corto y los tenedores permiten una sujeción más fácil y descansada.

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